Factores Mutuos - AST

Factores Mutuos - AST

Alimento mental en dosis breves

← Inicio

Homenaje a Carlos Clerici

11 October 2026

.."La lectura es un arte en sí mismo, el arte de enunciar lo que alguien pensó y escribió, recuperando la cadencia, el ritmo, el sentido y el sentimiento con el que imprimió en esa hoja letras que son tinta. Es la encarnación de la tinta en una voz. Esa voz, en el caso de este programa, fue la de Carlos Clerici, un gran lector, un gran entrevistador y sobre todo una gran voz."..

.."Carlos Clerici, mi papá, hizo este programa para darle vida a la tinta que tantos talentosos escritores que pasaron por este estudio imprimieron para sus lectores. Pero para poder leer una sola línea, para poder hablar de esas pocas palabras que entran en el aire consumido por el tiempo, pero que abundan en el papel que comprende una historia entera, para Carlos Clerici era necesario leer todo.

Desde la primera palabra hasta la última letra de un libro. Borges tiene una frase famosa que dice: "Que otros se jacten de las páginas que han escrito, a mí me enorgullecen las que he leído". Mi papá también habría firmado esa frase. El placer de leerte es la creación de un hombre dedicado al oficio de la lectura. Oficio que, como cualquier otro, implica práctica, implica impronta y, por ende, implica talento.

A su vez, supone trabajo, un trabajo que se tomaba todas las semanas para preparar cada capítulo de este ciclo de dos años. Un trabajo de lunes a lunes que veía la luz en sus productos intermedios cada domingo. Durante la semana sonaba el timbre y los libros llegaban a mi casa, que es más libro que otra cosa. Se abría la puerta y entraba una nueva historia lista para ser diseccionada en fragmentos a la espera de ser encarnados.

La lectura veloz, pero no a vuelo de pájaro, llenaba de silencio mi casa-libro. Horas con la luz de un foco, o a veces con la luz de la ventana, sobre todo los fines de semana, hasta que, en algún momento de descanso, el silencio se convertía en unos minutos de palabras para quienes lo rodeaban.

Recuerdo tantas veces que me contó: "la historia trata de un hombre que.." o "trata de una mujer que intenta ser A o B".. En ese resumir radicaba la esencia del relato y el entusiasmo de ver cómo lo escrito por otro se iba haciendo tinta de a poco en una libreta de mi padre, para luego ser estructura de programa. Los días podían ser martes si se grababa o domingos si se iba en vivo. Los martes eran la odisea de grabar cantidad sin perder calidad. Era día de especiales fundamentalmente porque, como decía, siempre que intentaba coordinar una entrevista ese día, y ningún escritor se levanta antes de las 12 del mediodía.

Quizás era un prejuicio, quizás no, lo cierto es que muchos escritores hicieron el esfuerzo, o tuvieron el desliz, de aceptarle una entrevista un martes a las 9 de la mañana. Los domingos, después de misa, papá iba al estudio y nosotros almorzábamos en casa con su voz acompañando la mesa. Del otro lado del dial, si buscamos la imagen poética y si no del otro lado del play de la página de internet de AM1110, una hora de silencios, espacios, música, libros y fragmentos y dos voces que compartían el éter al calor del vivo de 15 a 16 horas.

La producción y su equipo, a quienes agradezco este espacio para contar hoy el detrás de escena del programa, se encargaba y se encarga de hilar el formato. Un formato que también incluía la participación de voces de la cultura, convertidas aquí en otras voces de lectores, que contaban cuál era el libro que les había marcado la vida y qué libro estaban leyendo. El pasado y el presente de los lectores en una hora de programa donde la protagonista era la voz de Carlos, haciendo carne las letras y el oyente quedaba en la posición de escucha.

El placer de leerte. El arte de mi padre, fue convertir cada palabra en imágenes que se volvían vida en cada uno de los que lo escuchaban. Agregaba con su voz, como lo hace un pintor con el color, la experiencia de una historia que sorprendía hasta el propio escritor que jamás había descubierto todo lo que sus letras escondían. Cada domingo nos regaló el ritual del silencio, ese silencio que permite que el alma vuela a escenarios infinitos sin moverse del asiento.

Nos enseñó a volver a escuchar, porque en él, cada palabra era tinta que se convertía en voz y vida. Era un autor que descubría el misterio detrás de lo escrito y un cómplice detrás de la radio que encontraba en esa hora de programa las mil vidas que respiraban entre esas letras y que cobraban sentido en la voz de Carlos Clerici.

Escucha, lectura, voz, radio. Es volver al origen de la radio, una voz y un oyente que fecundan vida para seguir alimentando ese hilo que trasciende. Una lectura que en la radio era una cosa y que en los medios propios de este tiempo es otra. Difundir cultura con la complejidad que supone en un mundo que tiende a la superficialidad del análisis y a desdeñar su propia vida.

En este espacio hay tiempo. No hay imagen. Hay música, hay libros, hay compañía y hay profundidad. Hay esencia de radio. Un espacio donde el tiempo se frena y donde también, gracias a la tecnología, queda para la posteridad la vida y la voz de mi padre. Hoy y siempre, o por lo menos hasta que dure Spotify, en donde pueden encontrar los episodios de "El placer de leerte" listos para ser escuchados cuando cada uno decida.

Nos despedimos de este programa homenaje que, como otros programas, llamamos producto intermedio antes, porque cada uno de sus episodios es parte de un producto final que es el oficio de la lectura. Porque, como todo hombre de oficio, el carpintero no hace una simple mesa. La pule, le da forma, la haces suya. Y esa mesa es la casa. En este caso, la casa es este programa "El placer de leerte", donde la voz de Carlos Clerici los va a acompañar, detenida en el tiempo, pese a la distancia física, prestando su voz a quien se aventure a encontrarla.

Porque el placer es leerte. Y nuestro placer es escucharte, Carlos Clerici."..